“Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por su ovejas.” Jn 10, 11

“Eu sou o Bom Pastor. O bom pastor da sua vida pelas suas ovelhas.” Jo 10, 11

Hno. Mariosvaldo Florentino

Abril - Viernes 24

Gotas de Paz – 648

Con estas bellísimas palabras empieza el Evangelio de este domingo, también llamado: “Domingo del Buen Pastor.”

La relación del hombre con Dios muchas veces en la Biblia es comparada a la relación de un pastor con sus ovejas. De hecho en Israel todos conocían este trabajo y hablar del pastor era tocar en los recuerdos de las experiencias relacionadas con esta ocupación.

Cuando Jesús afirma: «Yo soy el Buen Pastor» todos entendían muy bien lo que significaba en la práctica lo que él estaba diciendo y ellos también recordaban que en Ezequiel, Dios había regañado a los malos pastores y había prometido que un día, Él mismo sería el Pastor de Israel. Por tanto, en Jesús, Dios quiere conducir a todo el rebaño a las verdes praderas de su Reino.

Algunas características de este Buen Pastor nos ayudan a conocer mejor el corazón de Dios:

El Buen Pastor conoce a sus ovejas – esto es, para él cada oveja es particular. La conoce en sus hábitos específicos. Tiene una atención especial para cada una. Cada oveja tiene una identidad propia, generalmente caracterizada por un nombre particular, esto es, ella no es sólo un número. No es que al final del día el Buen Pastor les cuenta y si falta una, él sale a buscar un oveja cualquiera que se perdió. Él mira a su rebaño y se da cuenta de que falta justo “tal” oveja y sale a buscarla llamándola por su nombre, imaginando hacia donde se habrá ido porque la conoce muy bien y sabe sus gustos y sus tentaciones.

El Buen Pastor no abandona sus ovejas delante del peligro – él sabe que su misión es defenderlas y conducirlas con seguridad hasta los prados y a las fuentes de agua. Él es el primero para combatir el peligro. En lo posible, él no permite que las ovejas sean amenazadas. Delante del ladrón o del lobo, el buen pastor no se intimida, sino que los combate y los ahuyenta, pues no acepta perder ni una sola de sus ovejas. El buen pastor corre el riesgo, se coloca él en peligro para proteger su redil.

El Buen Pastor no es un mercenario – él no trabaja sólo por intereses personales, sólo para ganar el sueldo. Quien así lo hace, está mucho más preocupado consigo mismo, y las ovejas son solamente un modo de ganarse la vida. Por eso, el mercenario jamás se colocará en peligro, jamás hará un esfuerzo más allá del estrictamente necesario, pero al contrario, siempre buscará su propia seguridad y su propio bienestar por encima de todo.

El Buen Pastor da la vida por sus ovejas – esto significa que el buen pastor en lo cotidiano, se consuma, se gasta por sus ovejas. Son las necesidades de las ovejas las que dictan al pastor el cómo organizar su vida. Sus horas de descanso, su tiempo de comer, la dirección hacia dónde andar y, finalmente todo es establecido de acuerdo al bien de las ovejas, y no según los gustos y deseos del pastor. O sea, en cierto modo, el Buen Pastor es el servidor de las ovejas. Y él lo hace no por una obligación impuesta por otros sino por una decisión personal, por realizar su vocación.

En una palabra el Buen Pastor ama a sus ovejas.

Todas estas características que nosotros reconocemos plenamente en Jesús Buen Pastor, la Iglesia, desde el inicio, las propone como las características auténticas de los obispos y de los que son llamados a cooperar con su ministerio, en el caso, los presbíteros. De hecho, este domingo es la fiesta del obispo, a quien estamos invitados a reconocer como imagen viva de Cristo en nuestro medio. Él gobierna, instruye y santifica a todo el aprisco.

Si de un lado reconocimos las características del Buen Pastor, debemos también, por otro lado, reconocer las características de las ovejas.

Las ovejas conocen a su Pastor – son capaces de reconocer su voz. No seguirán a otro. Tienen plena confianza en la dirección indicada por el pastor. Delante del peligro corren hacia donde él está. Se protegen detrás de él.

Las ovejas permanecen unidas al redil – pues sólo así el pastor puede protegerlas del lobo o del ladrón. Si las ovejas se esparcen, aunque el pastor sea bueno, no será capaz de atender a todas.

No basta que tengamos un Buen Pastor para salvarnos, es necesario que seamos también buenas ovejas.

Muchas veces –en nuestros días– no nos gusta mucho este lenguaje de redil, de ovejas. Nos suena como un desprecio de nuestra condición humana, de nuestra libertad, de nuestra inteligencia y capacidad de decisión. No queremos ser una masa. Seguramente este nuestro rechazo viene del hecho que el mundo nunca estuvo tan masificado como ahora. Los medios de comunicación de masa – están realmente haciendo de todo el mundo una sola cosa. Es la moda, son las ideologías trasmitidas hasta de modo oculto, los modismos que están haciendo del mundo una masa uniforme. La propaganda, despacito va hipnotizando a las personas y éstas, pensando que actúan libremente, hacen exactamente lo que la moda les comanda.

La propuesta de Jesús Buen Pastor, no tiene nada de esto. Si es verdad que debemos estar unidos en el redil que es la Iglesia, es también verdad que él continua teniendo una relación personal con cada uno de nosotros, conociéndonos por nuestros nombres, valorizando todos nuestros dones particulares y llamándonos a una vida intensamente asumida en primera persona. En el lenguaje de Jesús, ser una de sus ovejas, significa tener la posibilidad de realizarse personalmente en nuestra más auténtica vocación.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino

Gocce di Pace - 265

Con queste bellissime parole incomincia il Vangelo di questa domenica, chiamata anche "Domenica del Buon Pastore". La relazione dell'uomo con Dio molte volte nella Bibbia è paragonata alla relazione di un pastore con le sue pecore. In realtà, in Israele, tutti conoscevano questo lavoro e parlare del pastore, per molti, era toccare ricordi molto intensi, in riferimento a questa occupazione.

Quando Gesù afferma: "Io sono il Buon Pastore" tutti capivano molto bene quello che significava nella pratica ciò che stava dicendo ed anche essi ricordavano che in Ezechiele, Dio aveva rimproverato i cattivi pastori ed aveva promesso che, un giorno, Egli stesso sarebbe stato il Pastore d'Israele. Pertanto, in Gesù, Dio vuole condurre tutto il gregge ai verdi pascoli del suo Regno.

Alcune caratteristiche di questo Buon Pastore c'aiutano a conoscere meglio il cuore di Dio:

Il Buon Pastore conosce le sue pecore e ciò significa che per lui ogni pecora è particolare. La conosce nelle sue abitudini specifiche. Ha un'attenzione speciale per ognuna. Ogni pecora ha un'identità propria, generalmente caratterizzata con un nome particolare, cioè essa non è un numero. Non succede che alla fine del giorno il Buon Pastore conta le pecore e se ne manca una egli esce a cercarla, egli guarda il suo gregge e si rende subito conto che manca giusto "quella" pecora ed esce a cercarla chiamandola per nome, immaginando già dove può essere andata perché la conosce molto bene, sa i suoi gusti e le sue tentazioni.

Il Buon Pastore non abbandona le sue pecore davanti al pericolo, egli sa che la sua missione è difenderli e condurli con sicurezza fino ai pascoli e alle fonti dell’acqua. Egli è il primo a combattere il pericolo. E non è possibile che egli permetta che le pecore siano minacciate. Davanti al ladro o al lupo il buon pastore non si intimorisce, lo combatte e lo scaccia, perché non accetta di perdere nemmeno una delle sue pecore. Il buon pastore corre il rischio, corre il pericolo per proteggere il suo ovile.

Il Buon Pastore non è un mercenario, egli non lavora solo per interessi personali, solo per guadagnare lo stipendio. Chi agisce così è molto più preoccupato di sé stesso e le pecore sono solo un modo di guadagnarsi da vivere. Per questo motivo, il mercenario non correrà mai nessun pericolo, non farà mai uno sforzo oltre lo strettamente necessario, ma al contrario, cercherà sempre la propria sicurezza e il suo proprio stare al riparo da tutto.

Il Buon Pastore dà la vita per le sue pecore, questo significa che il buon pastore nel quotidiano si consuma, si consuma per le sue pecore. Sono le necessità delle pecore che dettano al pastore il come organizzare la sua vita. Le sue ore di riposo, il suo tempo per mangiare, la direzione del dove camminare ed altri sono stabiliti d’accordo col bene delle pecore, e non secondo i gusti e desideri del pastore. Cioè, in un certo modo, il Buon Pastore è il servitore delle pecore. Ed egli lo fa non per un obbligo imposto da altri, ma per una decisione personale, per realizzare la sua vocazione.

In una parola il Buon Pastore ama le sue pecore.

Tutte queste caratteristiche che noi riconosciamo pienamente in Gesù Buon Pastore, la Chiesa dall'inizio li propone come le caratteristiche autentiche dei vescovi e di coloro che sono chiamati a cooperare col suo ministero, nel caso, i presbiteri. In realtà, questa domenica è la festa del vescovo, che siamo invitati a riconoscere come immagine viva di Cristo in mezzo a noi, che governa, istruisce e santifica tutto l'ovile.

Ancora, se da un lato abbiamo riconosciuto le caratteristiche del Buon Pastore, dobbiamo anche dall'altra parte riconoscere le caratteristiche delle pecore.

Le pecore conoscono il suo Pastore, sono capaci di riconoscere la sua voce. Non seguiranno nessun altro. Hanno piena fiducia nella direzione indicata dal pastore. Davanti al pericolo corrono nella sua direzione. Si proteggono dietro di lui.

Le pecore rimangono unite all'ovile, perché solo così il pastore può proteggerli dal lupo o dal ladro. Se le pecore si disperdono anche se il pastore è buono, non sarà capace di salvarle tutte.

Non basta che abbiamo un Buon Pastore! Per salvarci è necessario che siamo anche buone pecore.

Molte volte, ai nostri giorni, non ci piace molto questo linguaggio di ovile, di pecore. Ci suona come un disprezzo della nostra condizione umana, della nostra libertà, della nostra intelligenza e capacità di decisione. Non vogliamo essere una massa. Sicuramente questo nostro rifiuto viene dal fatto che il mondo non è stato mai tanto massificato come ora. I mezzi di comunicazione di massa, stanno realmente facendo di tutto il mondo una sola cosa. È la moda, sono le ideologie trasmesse perfino di nascosto, i modismi che stanno facendo del mondo una massa uniforme. Pian pianino la propaganda continua ad ipnotizzare le persone e queste, pensando di agire liberamente, fanno esattamente quello che la moda gli comanda.

La proposta di Gesù Buon Pastore non ha niente di questo. Se è verità che dobbiamo essere uniti nell'ovile che è la Chiesa, è anche verità che egli continua ad avere una relazione personale con ognuno di noi, conoscendoci per nome, valutando tutti i nostri doni particolari e richiamandoci ad una vita intensamente vissuta in prima persona. Nel linguaggio di Gesù essere un sua pecora, significa avere la possibilità di realizzarsi personalmente nella nostra più autentica vocazione.

Il Signore vi benedica e vi protegga,

Il Signore faccia risplendere il suo viso su di voi e vi doni la sua misericordia.

Il Signore volga il suo sguardo affettuoso su di voi e vi doni la sua Pace.

Fra Mariosvaldo Florentino, cappuccino

Per aiutarti nella tua crescita spirituale mi piace di proporti un piccolo esercizio per tutta questa settimana. Prega tutti i giorni il salmo 23 (22). Se ti è possibile memorizzarlo in questa settimana, dopo usalo nelle tue preghiere personali, per esempio quando entri in una chiesa, o quando fai la comunione, o quando ti svegli.... Se non ce l'hai te lo invio per iscritto affinché tu possa impararlo:

Salmo 23 (22)

Il Signore è il mio pastore:

non manco di nulla;

su pascoli erbosi mi fa riposare

ad acque tranquille mi conduce.

Mi rinfranca, mi guida per il giusto cammino,

per amore del suo nome.

Se dovessi camminare in una valle oscura,

non temerei alcun male, perché tu sei con me.

Il tuo bastone e il tuo vincastro

mi danno sicurezza.

Davanti a me tu prepari una mensa

sotto gli occhi dei miei nemici;

cospargi di olio il mio capo.

Il mio calice trabocca.

Felicità e grazia mi saranno compagne

tutti i giorni della mia vita,

e abiterò nella casa del Signore

per lunghissimi anni.

Gotas de Paz – 608

Com esta belíssima frase começa o Evangelho deste domingo, também chamado “Domingo do Bom Pastor.”A relação do homem com Deus na Bíblia muitas vezes é comparada a relação de um pastor com suas ovelhas. De fato em Israel todos conheciam este trabalho e falar do pastor para muitos era tocar em lembranças muito intensas de experiências relacionadas com essa ocupação.

Quando Jesus afirma: “ Eu sou o Bom Pastor” todos entendiam muito bem o que significa na prática o que ele estava dizendo e eles também recordavam que em Ezequiel, Deus tinha reclamado dos maus pastores e havia prometido que, um dia, Ele mesmo seria o Pastor de Israel. Portanto, em Jesus, é Deus mesmo que quer conduzir todo o rebanho aos verdes prados de seu Reino.

Algumas características deste Bom pastor nos ajudam a conhecer melhor o coração de Deus:

O Bom Pastor conhece as suas ovelhas - isto é, para ele cada ovelha é particular. Ele a conhece em seus hábitos específicos. Tem uma atenção especial para cada uma delas. Cada uma tem uma identidade própria, geralmente caracterizada por um nome particular, isto é, as suas ovelhas não são somente um numero. Não é que ao final do dia o Bom Pastor lhes conta e se falta uma ele sai a buscar uma ovelha qualquer que se perdeu. Ele olha seu rebanho e se da conta de que falta uma determinada e sai a buscar-la chamando-a pelo nome, imaginando até onde ela teria ido porque a conhece muito bem, sabe seus gostos e suas tentações.

O Bom Pastor não abandona as suas ovelhas diante do perigo - ele sabe que sua missão é defender-las e conduzir-las com segurança até os prados e as fontes de água. Ele é o primeiro a combater o perigo. Em tudo o possível, ele não permite que as ovelhas sejam ameaçadas. Diante do ladrão ou do lobo o bom pastor não se intimida, mas o combate e o afugenta , pois não aceita de perder nem uma de suas ovelhas. O bom pastor corre o risco, se coloca ele em perigo para proteger o seu redil.

O Bom Pastor não é mercenário – Ele não trabalha somente por interesses pessoais, somente para ganhar dinheiro. Quem assim o faz estará preocupado só consigo mesmo e as ovelhas são somente um modo de ganhar a vida. Por isso, o mercenário jamais se colocará em perigo, jamais fará um esforço mais além do estritamente necessário, mas ao contrário, sempre buscará sua própria segurança e seu próprio bem estará primeiro de tudo.

O Bom Pastor dá a vida por suas ovelhas - isto significa que o bom pastor no cotidiano se consuma, se gasta por suas ovelhas. São as necessidades das ovelhas que determinam ao pastor como organizar a sua própria vida. Suas horas de descanso, seu tempo para comer, a direção onde andar e outros são estabelecidos de acordo com o bem das ovelhas e não segundo os gostos e desejos do pastor. Ou seja, em certo modo, o Bom Pastor é o servidor das ovelhas. E ele o faz não por uma obrigação imposta por outros, mas por uma decisão pessoal, para realizar-se em sua vocação.

Em uma palavra o Bom Pastor ama suas ovelhas. Todas essas características que nós reconhecemos plenamente em Jesus Bom Pastor, a Igreja desde o inicio as propõe como as características autenticas dos bispos e eles que são chamados a cooperar com seu ministério, no caso, os presbíteros. De fato, este domingo é a festa do bispo, a quem somos convidados a reconhecer como imagem viva de Cristo em nosso meio, que governa, instrui e santifica todo o aprisco.

Porém, se de um lado reconhecemos as características do Bom Pastor, devemos também por outro lado reconhecer as características das ovelhas.

As ovelhas conhecem o seu Pastor – são capazes de reconhecer sua voz. Não seguirão a um outro. Tem plena confiança na direção indicada pelo pastor. Diante do perigo correm na sua direção. Se protegem atrás dele.

As ovelhas permanecem unidas ao redil – pois somente assim o pastor pode proteger-las do lobo ou do ladrão. Se as ovelhas se dispersam mesmo que o pastor seja bom não será capaz de atender a todas.

Não basta que tenhamos um Bom Pastor para salvar-nos é necessário que sejamos também uma boa ovelha.

Muitas vezes em nossos dias não gostamos muito dessa linguagem do redil, de ovelhas. Alguns interpretam como depreciativo da nossa condição humana, de nossa liberdade, de nossa inteligência e capacidade de decisão. Não queremos ser uma massa. Seguramente essa nossa rejeição vem do fato que o mundo nunca esteve tão massificado como agora. Os meios de comunicação de MASSA – estão realmente fazendo de todo o mundo uma coisa só. É a moda, são as ideologias transmitidas até de modo oculto, os modismos que estão fazendo do mundo uma massa uniforme. A propaganda aos poucos vai hipnotizando as pessoas, e estas pensando de atuar livremente, fazem exatamente o que a moda lhes comanda.

A proposta de Jesus Bom Pastor, não tem nada disto. Se é verdade que devemos estar unidos no redil que é a Igreja, é também verdade que ele continua a ter uma relação pessoal com cada um de nós, conhecendo-nos pelo nome, valorizando todos nossos dons particulares e chamando-nos a uma vida intensamente assumida em primeira pessoa. Na linguagem de Jesus ser uma ovelha, significa ter a possibilidade de realizar-se pessoalmente em nossa mais autentica vocação.

O Senhor te abençoe e te guarde,

O Senhor faça brilhar sobre ti o seu rosto e tenha misericórdia de ti.

O Senhor mostre o seu olhar carinhoso e te dê a PAZ.

Frei Mariosvaldo Florentino, capuchinho.

Para te ajudar no crescimento espiritual gostaria de propor um pequeno exercício para toda a essa semana: rezes todos os dias o salmo 23 (22). Se possível que o memorizes nesta semana e depois que o use em tuas orações pessoais, por exemplo quando entres em uma Igreja, o quando fazes a comunhão, o quando acordas… Se não o tens, te envio por escrito para que o imprimas:

Salmo 23 (22)

O Senhor é meu pastor, nada me faltará.

Em verdes prados ele me faz repousar.

Conduz-me junto às águas refrescantes,

restaura as forças de minha alma.

Pelos caminhos retos ele me leva,

por amor do seu nome.

Ainda que eu atravesse o vale escuro,

nada temerei, pois estais comigo.

Vosso bordão e vosso báculo são o meu amparo.

Preparais para mim a mesa à vista de meus inimigos.

Derramais o perfume sobre minha cabeça,

e transborda minha taça.

A vossa bondade e misericórdia hão de seguir-me

por todos os dias de minha vida.

E habitarei na casa do Senhor por longos dias.

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