Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor! - Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor! - Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Hosanna! Bendito el que viene en nombre del Señor! - Domingo de Ramos en la Pasión del Señor

Hno. Mariosvaldo Florentino

Marzo - Viernes 27

Gotas de Paz – 644

Estamos ya en el domingo de Ramos, o también llamado: Domingo de la Pasión del Señor. De hecho ésta es la única vez que se proclama el evangelio de Pasión de Jesús en día domingo durante todo el año litúrgico. Sin embargo, en los primeros siglos de la Iglesia, cada domingo en la misa siempre se proclamaba toda la pasión y también la resurrección y por eso, prácticamente todo los cristianos, sabían de memoria todos estos relatos.

Es difícil hacer una reflexión o una homilía, sobre un texto tan largo (este año son los capítulos 14 y 15 completos de Marcos). Son muchos los detalles que merecen nuestra detenida meditación y que nos ayudarían a crecer en la fe. Pero en esta oportunidad me gustaría llevar a la luz el contraste entre la fidelidad de Jesús, revelación suprema del amor de Dios, y nuestra infidelidad.

Jesús durante toda la pasión se mantuvo fiel a hacer la voluntad del Padre. Él fue preso, torturado, burlado, abrazó la cruz, fue crucificado, despreciado e insultado y al final murió como testigo de amor hasta el extremo.

Los hombres, sin embargo, movidos por la envidia, lo entregaron a la muerte (“los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia” Mc 15, 10);

Movidos por la codicia, lo vendieron (“Judas Iscariotes, uno de los Doce, fue donde los jefes de los sacerdotes para entregarles a Jesús. Ellos, al oírlo, se alegraron y prometieron darle dinero.” Mc 14, 10-11);

Movidos por la hipocresía, lo traicionaron con un beso (“Judas se acercó a Jesús llamando: «¡Maestro, Maestro!», y lo besó.” Mc 14, 45);

Movidos por el miedo, huyeron y lo abandonaron (“Y todos los que estaban con Jesús huyeron y lo abandonaron.” Mc 14, 50);

Movidos por la cobardía, lo negaron (“«Tú también andabas con Jesús de Nazaret.» Y Pedro lo negó: «No lo conozco ni sé de qué hablas.»” Mc 14, 68);

Movidos por la prepotencia, le pegaron y lo escupieron (“Después, algunos se pusieron a escupirlo. Le cubrieron la cara para pegarle, mientras decían: «Adivina quién fue.»” Mc 14, 65);

Movidos por la ingratitud, eligieron a un asesino, prefiriendo dar libertad a un malhechor (“El pueblo pidió la libertad de Barrabás.” Mc 15, 11);

Motivados por la maldad, lo torturaron y se burlaron de él (“Lo vistieron con una capa roja y colocaron sobre su cabeza una corona trenzada con espinas. Después se pusieron a saludarlo: «¡Viva el rey de los judíos!» Y le golpeaban la cabeza con una caña, lo escupían y luego, arrodillándose, le hacían reverencias.” Mc 15, 17-19);

Motivados por el despecho, lo insultaban sin ningún motivo (“Y también lo insultaban los que estaban crucificados con él.” Mc 15, 32).

Llama la atención que algunos de estos estaban obstinados en sus acciones desde un principio, como los jefes de los sacerdotes, o los guardias que hicieron con Jesús lo que hacían con todos los que caían en sus manos, mientras que otros fueron llevados por el momento, pues antes hasta tenían buenas intenciones (como Pedro que algunos momentos antes había dicho: “Aunque tenga que morir contigo, no te negaré.” Mc 14, 31) pero en el momento equis acabaron actuando de otro modo.

En verdad, la pasión de Cristo nos revela de qué somos capaces, aun cuando tengamos buenas intenciones. Creo que todos nosotros, mirando atentamente nuestra historia personal, podemos descubrir que muchas veces ya actuamos motivados por envidia, por hipocresía, por cobardía, por miedo, por prepotencia, con ingratitud, por maldad, o por despecho ... exactamente como aquellos del Evangelio. No nos debe escandalizar lo que hicieron estos hombres 2000 años atrás, pues en alguna medida, también nosotros lo repetimos en nuestro día a día. Nosotros prolongamos en cada jornada la pasión de Cristo. El Jesús sufriente de nuestros días nos denuncia nuestro mal comportamiento. Cuando lo traicionamos, lo comerciamos, lo abandonamos, lo torturamos, lo insultamos o nos burlamos de Él. Él solamente nos mira, como miró hacia Pedro, en la esperanza de que también nosotros nos demos cuenta del mal que estamos haciendo y nos arrepintamos de nuestro pecado (“Y Pedro se puso a llorar.” Mc 14, 72).

Nos consuela que Jesús nos amó y lo hizo hasta el extremo. Ni aun cuando fue torturado y muerto fue capaz de dejar de amarnos. De hecho en la cruz él rezó: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lc 23, 34) Y sabemos que el Padre siempre ha escuchado la oración de Jesús.

En esta semana santa pidamos a Jesús, ante todo, la gracia de reconocer las situaciones en que concretamente también nosotros hoy continuamos crucificándolo y que su mirada nos ayude a sinceramente llorar nuestros pecados.

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te de la PAZ.

Hno. Mariosvaldo Florentino, capuchino.

Gocce di Pace - 414

Siamo già alla Domenica delle Palme, detta anche Domenica della Passione del Signore. In realtà questa è l'unica volta che si proclama il vangelo della Passione di Gesù nel giorno di Domenica durante tutto l'anno liturgico. Tuttavia, nei primi secoli della Chiesa, ogni Domenica nella messa si proclamava la passione e la risurrezione e, praticamente, tutti i cristiani sapevano a memoria questi racconti.

È difficile fare una riflessione, o un'omelia su un testo così lungo (quest'anno ci sono i capitoli 14 e 15 completi di Marco). Sono molti dettagli che meritano la nostra accurata meditazione e che ci aiuterebbero a crescere nella fede. Questa volta mi piacerebbe mettere in luce il contrasto tra la fedeltà di Gesù, suprema rivelazione dell'amore di Dio, e le nostre infedeltà.

Gesù in tutta la passione è rimasto fedele alla volontà del Padre, egli è stato imprigionato, torturato, deriso, ha abbracciato la croce, è stato crocifisso, disprezzato e insultato, e, infine, è morto come una testimonianza di amore fino alla fine.

Gli uomini, però, mossi da invidia, lo consegnarono alla morte ( "i sommi sacerdoti glielo avevano consegnato per invidia." Mc 15, 10);

· motivati da avidità, lo vendettero ("Allora Giuda Iscariota, uno dei Dodici, si recò dai sommi sacerdoti, per consegnare loro Gesù. Quelli all'udirlo si rallegrarono e promisero di dargli denaro". Mc 14, 10-11);

· mossi da ipocrisia, lo tradirono con un bacio ("Giuda si accostò a Gesù dicendo: «Rabbì» e lo baciò". Mc 14, 45);

· mossi da paura, fuggirono e l'abbandonarono ( "E tutti quelli che erano con Gesù fuggirono e l'abbandonarono". Mc 14, 50);

· mossi da vigliaccheria, lo negarono (“Anche tu eri con il Nazareno, con Gesù”. Ma egli negò: “Non so e non capisco quello che vuoi dire”. Mc 14, 68);

· mossi da prepotenza, lo picchiarono e lo sputarono ( "alcuni cominciarono a sputargli addosso, a coprirgli il volto, a schiaffeggiarlo e a dirgli: “Indovina”" Mc 14, 65);

· mossi da ingratitudine, scelsero un assassino, preferendo dare la libertà ad un malvivente ( "La gente chiese la libertà di Barabba". Mc 15, 11);

· motivati da malvagità, lo torturarono e lo schernirono ( "Lo rivestirono di porpora e, dopo aver intrecciato una corona di spine, gliela misero sul capo. Cominciarono poi a salutarlo: «Salve, re dei Giudei!». E gli percuotevano il capo con una canna, gli sputavano addosso e, piegando le ginocchia, si prostravano a lui". Mc 15, 17-19);

· motivati dal dispetto, l'insultavano senza nessun motivo ("E anche quelli che erano stati crocifissi con lui lo insultavano". Mc 15, 32).

Colpisce il fatto che alcuni di questi erano ostinati nelle loro azioni fin dall'inizio, come i sommi sacerdoti e le guardie, che fecero con Gesù quello che facevano con tutti quelli che cadevano nelle loro mani; ma altri che inizialmente avevano buone intenzioni (come Pietro che qualche istante prima disse: «Se anche dovessi morire con te, non ti rinnegherò» Mc 14, 31), al momento giusto finirono per agire altrimenti.

In verità, la passione di Cristo ci rivela di che cosa siamo capaci, anche quando abbiamo buone intenzioni. Penso che tutti noi, guardando accuratamente la nostra storia personale, possiamo scoprire che molte volte siamo mossi da invidia, ipocrisia, vigliaccheria, paura, arroganza, ingratitudine, malvagità, o dispetto ... esattamente come quelli del Vangelo.

Perciò, non dobbiamo scandalizzarci per quello che hanno fatto 2000 anni fa questi uomini, perché in una certa misura, anche noi ripetiamo ciò nella nostra vita quotidiana. Noi prolunghiamo ogni giorno la passione di Cristo. Il Gesù sofferente dei nostri giorni denuncia il nostro cattivo comportamento. Tuttavia, quando lo tradiamo, lo commerciamo, l'abbandoniamo, lo torturiamo, l'insultiamo, o ci prendiamo gioco di Lui, Egli ugualmente rivolge a noi il suo sguardo penetrante, come guardò verso Pietro, nella speranza che anche noi ci rendiamo conto del male che stiamo facendo, e ci pentiamo dei nostri peccati ( "E Pietro ha iniziato a piangere". Mc 14, 72).

Ci consola che Gesù ci ha amato, e lo ha fatto fino alla fine. Anche quando fu torturato ed ucciso non fu capace di smettere di amarci. In effetti anche sulla croce pregò: "Padre, perdona loro, perché non sanno quello che fanno." (Lc 23, 34. E sappiamo che il Padre ascolta sempre la preghiera di Gesù.

In questa settimana santa chiediamo innanzitutto a Gesù la grazia di riconoscere le situazioni in cui noi oggi continuiamo a crocifiggerlo, e che il suo sguardo ci aiuti a piangere sinceramente i nostri peccati.

Il Signore vi benedica e vi protegga,

Il Signore faccia risplendere il suo viso su di voi e vi doni la sua misericordia.

Il Signore volga il suo sguardo affettuoso su di voi e vi doni la sua Pace.

Fra Mariosvaldo Florentino, cappuccino

Gotas de Paz – 604

Já estamos no Domingo de Ramos, ou também chamado: Domingo da Paixão do Senhor. De fato esta é a única vez que se proclama o Evangelho da Paixão de Jesus no dia de domingo durante todo o ano litúrgico. Porém, nos primeiros séculos da Igreja, a cada domingo na missa sempre se proclamava o evangelho da paixão e ressurreição, por isso praticamente todos os cristãos sabiam de memória todos esses relatos.

É difícil fazer uma reflexão, ou uma homilia, sobre um texto tão longo (esse ano são os capítulos 14 e 15 completos de Marcos). São muitos os detalhes que merecem a nossa atenta meditação e que nos ajudariam a crescer na fé. Desta vez gostaria de apresentar o contraste entre a fidelidade de Jesus, revelação suprema do amor de Deus, e a nossa infidelidade.

Jesus em toda a sua paixão se manteve fiel à vontade do Pai: foi preso, torturado, burlado e humilhado, mas abraçou a cruz, foi crucificado, desprezado e insultado, e ao final morreu como testemunho de amor até o extremo.

Os homens, ao contrário, movidos pela inveja, o entregaram a morte (“os chefes dos sacerdotes haviam entregado Jesus por inveja” Mc15,10);

· movidos pela cobiça, o venderam (“Judas Iscariotes, um dos doze, foi até os chefes dos sacerdotes para entregar Jesus. Eles, ao ouvi-lo, se alegraram e prometeram dar-lhe dinheiro.” Mc 14, 10-11);

· movidos pela hipocrisia, o traíram com um beijo (“Judas se aproximou de Jesus chamando: «Mestre, Mestre!», e o beijou.” Mc 14, 45);

· movidos pelo medo, fugiram e o abandonaram (“E todos os que estavam com Jesus fugiram e o abandonaram.” Mc 14, 50);

· movidos pela covardia , o negaram (“«Tu também andavas com Jesus de Nazaré.» E Pedro o negou : «Não o conheço nem sei do que falas.»” Mc 14, 68);

· movidos pela prepotência, o torturaram e o cuspiram (“Depois, alguns se colocaram a cuspi-lo. Cobriram-no o rosto para baterem nele enquanto diziam: «Advinha quem foi.»” Mc 14, 65);

· movidos pela ingratidão, escolheram um assassino, preferindo dar a liberdade a um malfeitor (“O povo pediu a liberdade a Barrabás.” Mc 15, 11);

· motivados pelo cinismo e insensibilidade, se burlavam dele (“O vestiram com uma capa vermelha e colocaram sobre sua cabeça uma coroa de espinhos. Depois se colocaram a reverenciá-lo : «Viva o rei dos judeus !» E o golpearam a cabeça com um bastão, cuspiam e logo, se ajoelhavam e faziam reverencias.” Mc 15, 17-19);

· motivados pelo despeito, o insultavam sem nenhum motivo (“E também o insultavam os que estavam crucificados com ele .” Mc 15, 32).

Chama a atenção que alguns desses estavam obstinados em suas ações desde o principio, como os chefes dos sacerdotes, ou os guardas que fizeram com Jesus o que faziam com todos os que caiam nas suas mãos, mais outros foram levados pelo momento, pois antes tinham até boa intenções (como Pedro que alguns momentos antes tinha dito : “Mesmo que tenha que morrer contigo, não te negarei .” Mc 14, 31) mas no justo momento acabaram atuando de outro modo.

Em verdade, a paixão de Cristo nos revela do que somos capazes, mesmo quando temos boas intenções. Creio que todos nós, olhando atentamente nossa história pessoal, podemos descobrir que muitas vezes já atuamos motivados pela inveja, por hipocrisia, por covardia, por medo, por prepotência, por ingratidão, por maldade, ou por despeito… exatamente como aqueles do Evangelho. Não nos deve escandalizar o que fizeram esses homens 2000 anos atrás, pois em alguma medida, também nós o repetimos no nosso cotidiano. Infelizmente, também nós prolongamos cada dia da paixão de Cristo. O Jesus sofredor de nossos dias nos denuncia em nosso mal comportamento. Porém, quando o traímos, o vendemos, o abandonamos, o torturamos, o insultamos, ou nos burlamos dele, Ele somente nos olha com aquele olhar penetrante como fez com Pedro, na esperança que também nós nos demos conta do mal que estamos fazendo, e nos arrependamos de nosso pecado. (“E Pedro se pôs a chorar.” Mc 14, 72).

Nos consola saber que Jesus nos amou, e o fez até o extremo. Nem mesmo quando foi torturado e morto, ele foi capaz de deixar de amar-nos. De fato na cruz Ele ainda orou: “Pai, perdoa-lhes, porque não sabem o que fazem.” (Lc 23, 34) E sabemos que o Pai sempre escuta a oração de Jesus.

Nesta semana santa peçamos a Jesus antes de tudo a graça de reconhecer as situações em que concretamente também nós hoje continuamos a crucificar-lo, e que seu olhar penetrante nos ajude a chorar sinceramente os nossos pecados.

O Senhor te abençoe e te guarde,

O Senhor faça brilhar sobre ti o seu rosto e tenha misericórdia de ti.

O Senhor mostre o seu olhar carinhoso e te dê a PAZ.

Frei Mariosvaldo Florentino, capuchinho.

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