"Te seguiré adondequiera que vayas." (Lc 9, 57)

"Ti seguirò dovunque tu vada". (Lc 9 ,57)

"Te seguirei por onde quer que vás"

Hno. Mariosvaldo Florentino

Junio - Domingo 26

La eucaristía de este domingo nos lleva a reflexionar y rezar sobre nuestra relación con Jesucristo. La pregunta es ¿cómo somos delante de él? Somos indiferentes, simpatizantes, aprovechadores, admiradores, o seguidores de él.

Para muchos Jesús no cuenta nada. No les importa lo que él dijo o lo que hizo. Para otros, son interesantes algunas de sus palabras, o tal vez es bonito llevar una cruz en el cuello, o participar alguna vez de una celebración. Pero, hasta ahí y nada más.

A otros aun, les interesa solamente el titulo de cristianos. Corren por las ventajas políticas o sociales por ser amigos del sacerdote, o por tener una foto con el obispo, o con el Papa, o por dar una buena limosna. Pero en cuanto a Jesús y sus propuestas, piensan que son cosas del pasado. O entonces están solamente interesados en algún milagro, o en salir de un problema.

No faltan tampoco los admiradores. Que hasta se emocionan y lloran en el Vía Crucis, pero que no consiguen salir del sentimentalismo y asumir en la vida concreta un modo nuevo de actuar.

La propuesta de Jesús va más allá de todo esto. Jesús nos desafía y nos dice: "Sígueme." Seguir a una persona significa colocarse en su mismo camino. Acompañar sus pasos. No es un hecho intelectual, es vivencial. No basta estudiar y conocer lo que hizo, es mucho mas, es repetir concretamente en la vida actual lo que hizo él. (Ciertamente es fundamental conocer, pero no se puede parar allí, pues sería inútil.)

No puedo decir que soy un seguidor de alguien, cuando mi recorrido es otro, cuando mis pasos van en otra dirección. Hay una diferencia muy grande entre seguir a Cristo y llevarlo conmigo en MI camino. Pienso que muchos de nosotros confundimos esto. No es muy difícil encontrar personas disponibles que lleven a Jesús con ellas. A querer que Jesús esté donde ellas están y bendiga sus planes, sus trabajos, sus quehaceres.

Sin embargo, tenemos una fuerte resistencia en asumir radicalmente una vida de seguidores. Esto es de caminar en el camino de él. De seguir sus pasos. Esta resistencia no es gratuita. El propio evangelio nos habla de las dificultades que acarrea seguir a Cristo.

En primer lugar, el evangelio de este domingo nos habla que Jesús decidió caminar "resueltamente" hacia Jerusalén. Jesús sabía que caminaba en dirección de la resurrección, pero sabía que esto significaba pasar por la cruz. Jesús sabía que la trayectoria que estaba tomando no era de la buena vida, de los aplausos y de los placeres. Pero él caminaba "resueltamente". También sus seguidores deben, descubriendo sus motivaciones tomar el mismo camino, la misma dirección. Es señal de madurez asumir los dolores del camino, cuando se tiene claro a donde se quiere llegar.

En segundo lugar, el evangelio nos alerta para la experiencia del rechazo. Los samaritanos no quisieron recibir a Jesús porque él iba a Jerusalén. También a nosotros muchos nos rechazarán cuando saben que estamos yendo hacia "Jerusalén" (cuando saben que queremos ser cristianos de verdad y no solamente en las apariencias o en las palabras). Pero es muy interesante la reacción delante de estos rechazos. Algunos discípulos dijeron a Jesús: ¿"quieres que mandemos bajar fuego del cielo que consuma a los samaritanos? Pero Jesús los reprendió." Seguramente también nosotros tendremos la misma tentación de destruir a nuestros opositores. Cuantas veces ya hicimos "bajar fuego del cielo" con nuestras palabras, gestos, deseos y venganzas. Pero si somos seguidores de Jesús, estas cosas no van bien. Delante de las oposiciones o rechazos, debemos continuar siempre en frente, sin desviar nuestro camino.

En tercer lugar, Jesús nos advierte que seguirlo no significa tener todo en la mano. Al contrario, muchas veces faltará la comodidad ("el Hijo del hombre no tiene donde descansar la cabeza"). El que sigue debe estar dispuesto a correr el riesgo de que le falte hasta mismo cosas que al principio le parecen importantes, pero que después descubre que no eran tan necesarias y que se puede pasar sin ellas.

En cuarto lugar, la experiencia del seguimiento implica dejar algo. Seguir es caminar hacia... y cuando se va..., en la medida en que se avanza, se deja otras cosas por detrás. Es imposible avanzar sin dejar. Existen muchos que en la vida son estáticos porque tienen miedo de despedirse, de dejar. Jesús nos desafía: "deja que los muertos entierren a sus muertos".

Y en quinto lugar, Jesús nos habla de la dirección de la mirada. Quien le sigue debe tener la mirada puesta en él, pues solo así no perderá el sendero. Quien camina mirando hacia atrás sale del camino. ("Todo el que pone la mano en el arado y mira para atrás, no sirve para el reino de Dios"). El pasado no es capaz de indicarnos un rumbo, una dirección. El pasado nos hace solamente girar en torno a nosotros mismos y nos mata en el cansancio. También es importante tener conciencia que los lados pueden ser una tentación y pueden hacernos perder el equilibrio y caer o quitarnos del camino. Aun se puede decir que tener los ojos cerrados no es propio de quien sigue. Mirar hacia adelante, cuando estamos yendo por detrás de Jesús, significa verlo constantemente, y esta es la única garantía de que llegaremos a ser como él: personas plenas, realizadas y felices.

¡OH Jesús danos la gracia de hacer una verdadera experiencia de seguimiento!

El Señor te bendiga y te guarde,

El Señor te haga brillar su rostro y tenga misericordia de ti.

El Señor vuelva su mirada cariñosa y te dé la PAZ.

L'eucaristia di questa domenica ci porta a riflettere e pregare sulla nostra relazione con Gesù Cristo. La domanda è: " Come ci presentiamo davanti a lui? Siamo indifferenti, simpatizzanti, approfittatori, ammiratori o suoi seguaci?"

Per molti Gesù non conta niente. Non importa loro di quello che ha detto e ha fatto. Per altri, sono interessanti alcune sue parole, è bello portare una croce al collo, o condividere qualche volta una celebrazione. Ma solo questo e nient'altro.

Ad altri, invece, interessa solo il titolo di cristiani. Corrono dietro ai loro vantaggi politici o sociali per essere amici del sacerdote, o per avere una foto col vescovo o col Papa, o per dare una buona elemosina. Ma quanto a Gesù e le sue proposte, pensano che siano cose del passato. E, allora, sono solo interessati a qualche miracolo o al suo intervento in qualche problema.

Non mancano anche gli ammiratori: quelli che arrivano fino emozionarsi e piangono durante la Via Crucis. Ma che non cercano di uscire dal sentimentalismo per assumere nella vita concreta un nuovo modo di agire.

La proposta di Gesù va al di là di tutto questo. Gesù ci sfida: "Seguimi." Seguire una persona significa impegnarsi nella sua stessa strada, accompagnare i suoi passi. Non è soltanto un fatto intellettuale: ma della vita. Non basta studiare e conoscere quello che Gesù fece. E' già qualcosa, ma è di più ripetere nel concreto della vita attuale quello che egli fece. Certamente è fondamentale conoscerlo, ma non ci si può fermare lì, perché sarebbe tutto inutile.

Non posso dire di essere il seguace di una persona quando il mio percorso è un altro, quando i miei passi se ne vanno in un'altra direzione. C'è una differenza molto grande tra seguire Cristo e portarlo con me sulla MIA propria strada. Penso che molti di noi confondiamo in questo. Non è molto difficile trovare persone disponibili a portare Gesù con sé. A volere che Gesù stia dove essi stanno e che benedica i suoi progetti, i suoi lavori, le sue faccende.

Tuttavia, abbiamo una forte resistenza ad assumere radicalmente una vita da seguaci, di camminare e fare tutto il tragitto dietro lui. Di seguire i suoi passi. Questa resistenza non è gratuita. È proprio il vangelo che ci parla delle difficoltà che comporta seguire Cristo.

In primo luogo il vangelo di questa domenica ci parla che Gesù decise di camminare "risolutamente" per Gerusalemme. Gesù sapeva che camminava in direzione della resurrezione, ma sapeva anche che doveva passare per la croce. Gesù sapeva che la direzione che stava prendendo non era della bella vita, degli applausi e dei piaceri. Ma egli camminava "risolutamente." Anche i suoi seguaci devono, scoprendo le sue motivazioni, prendere la stessa strada, la stessa direzione. È segno di maturità assumere i dolori del seguire Cristo, quando se ha ben chiaro dove si vuole arrivare.

In secondo luogo il vangelo ci allerta per l'esperienza del rifiuto. I samaritani non vollero ricevere Gesù perché egli andava per Gerusalemme. Anche a noi molti ci respingeranno quando sapranno che stiamo andando per "Gerusalemme", cioè quando sapranno che vogliamo in realtà essere autentici cristiani e non solo nelle apparenze o nelle parole. Ma è molto interessante la reazione davanti a questi rifiuti. Alcuni discepoli dissero a Gesù: “Vuoi che ordiniamo che scenda un fuoco dal cielo che consumi i samaritani? Ma Gesù li rimproverò”. Sicuramente anche noi abbiamo la stessa tentazione di distruggere i nostri oppositori. In verità, quante volte abbiamo già fatto "scendere fuoco dal cielo" con le nostre parole, gesti, desideri e vendette. Ma se siamo seguaci di Gesù, queste cose non vanno bene. Davanti alle opposizioni o ai rifiuti, dobbiamo continuare sempre diritti, senza deviare la nostra strada.

In terzo luogo, Gesù ci ha prevenuti dicendo che seguirlo non significa avere tutto a portata di mano. Al contrario, molte volte mancherà per sino la minima comodità – “il Figlio dell'uomo non ha dove posare il capo”. Quello che segue il Signore deve essere disposto a correre il rischio che manchi il necessario e le cose che sembrano importanti, ma dopo scoprono che non erano affatto tanto necessari e che possono farne a meno.

In quarto luogo l'esperienza del seguire Gesù, implica lasciare qualcosa. Seguire è camminare verso... e quando si va via..., nella misura in cui si avanza, si lasciano altre cose ferme dietro. È impossibile avanzare senza lasciare. Sono molti quelli che nella vita sono statici perché hanno paura di congedare, di lasciare. Gesù ci sfida: "lascia che i morti seppelliscano i loro morti."

Ed in quinto luogo Gesù ci parla della direzione dello sguardo. Chi lo segue deve avere lo sguardo solo su di lui, perché solo così non perderà il giusto sentiero. Chi cammina guardando indietro va fuori strada. "Nessuno che ha messo mano all'aratro e poi guarda indietro, è adatto per il regno di Dio". Il voltarsi ci fa perdere la rotta, la direzione. Il voltarsi indietro fa solo girare intorno a se stessi ed perdersi per la stanchezza. È anche importante avere coscienza che nelle laterali possono esserci tentazioni e possono farci perdere l'equilibrio e cadere o toglierci dalla giusta strada. Nemmeno, chi segue può avere gli occhi chiusi. Guardare in avanti, quando stiamo andando dietro a Gesù, significa tenere sempre su di Lui il nostro sguardo, vederlo costantemente, e questa è l'unica garanzia che arriveremo ad essere come Lui: persone piene, realizzate e felici.

Oh Gesù dacci la grazia di fare una vera esperienza di cammino con te.

Il Signore vi benedica e vi protegga,

Il Signore faccia risplendere il suo viso su di voi e vi doni la sua misericordia.

Il Signore volga il suo sguardo su di voi e vi doni la sua Pace.

Mesmo sabendo que em alguns países este domingo se celebra a festa de São Pedro e São Paulo (para dar maior possibilidade do fieis participarem na celebração), creio que a maioria dos países celebra esta festa no dia 29 de junho, por isso faremos a nossa reflexão sobre o evangelho de domingo. No entanto aproveitamos a oportunidade para pedir a todos de fazer uma oração ao Pai celestial, pelo sucessor de Pedro, o nosso Papa Bento XVI, para que Deus o ilumine e abençoe o seu ministério.

A eucaristia deste domingo nos leva a refletir e rezar sobre nossa relação com Jesus Cristo: como somos diante dele - indiferentes, simpatizantes, aproveitadores, admiradores ou seus seguidores.

Para muitos, Jesus não conta nada, não importa o que tenha dito ou feito. Para outros, algumas de suas palavras podem parecer interessantes, e até é bonito levar a cruz no peito, ou participar eventualmente de uma celebração.

Outros ainda são interessados no título de cristão. Correm atrás de vantagens políticas ou sociais por serem amigos de sacerdotes, ou por terem uma foto tirada ao lado bispo, ou do Papa, ou ainda por terem dado generosas esmolas. Contudo, quanto a Jesus e suas propostas, pensam que são coisas do passado. Outros estão somente interessados em algum milagre, ou em sair de um problema.

Não faltam também os admiradores. Aqueles que até se emocionam e choram durante uma Via Sacra. Mas que não conseguem sair do sentimentalismo para assumir, na vida concreta, um modo novo de agir.

A proposta de Jesus vai muito além disso. Jesus desafia: "segue-me". Seguir uma pessoa significa colocar-se no seu próprio caminho. Acompanhar os seus passos. Não é um fato intelectual, é vivencial. Não basta estudar e conhecer o que fez, é muito mais, é repetir no concreto da vida cotidiana a sua ação. (Certamente é fundamental conhecer, mas não se pode parar aí, seria inútil).

Não posso dizer que estou seguindo uma pessoa, quando o meu percurso é outro, quando meus passos vão em outra direção.Há uma diferença muito grande entre seguir a Cristo e levá-lo comigo em MEU caminho. Penso que muitos de nós confundimos isto. Não é muito difícil encontrar pessoas disponíveis a levar Jesus consigo. Elas querem que Jesus esteja em seus planos, suas ocupações, seu mundo, mas nem pensam na possibilidade de mudar estes planos ou esta vida. É Jesus quem tem que se adaptar.

Temos uma forte resistência a levar uma vida de seguimento. Esta resistência não é gratuita. O próprio Evangelho nos fala das dificuldades que comporta o seguir a Cristo.

Em primeiro lugar, o Evangelho deste domingo nos fala das dificuldades que Jesus sabia que enfrentaria e ainda assim decidiu caminhar "resolutamente" para Jerusalém. Ele sabia que caminhava em direção da ressurreição, mas sabia também que teria que passar pela cruz. Jesus sabia que o rumo que estava tomando não era o da boa vida, dos aplausos e dos prazeres. Mas ele caminhava "resolutamente". Também seus seguidores devem, descobrindo as suas motivações, tomar o mesmo caminho, o mesmo rumo. É sinal de maturidade assumir as dores do caminho, quando se tem claro aonde se chegar.

Em segundo lugar, o Evangelho nos alerta para a experiência da rejeição. Os samaritanos não quiseram receber Jesus porque ele ia para Jerusalém. Também a nós, muitos rejeitarão quando souberem que estamos indo para "Jerusalém" (quando souberem que queremos ser cristãos de verdade e não somente nas aparências e nas palavras). Contudo, é muito interessante as reações que surgem diante das rejeições. Alguns discípulos disseram a Jesus: "quereis que mandemos descer fogo dos céus para consumir os samaritanos? Mas Jesus os repreendeu". Seguramente também nós teremos a mesma tentação de destruir nossos oponentes. Quantas vezes fazemos "descer fogo do céu" com nossas palavras, gestos, desejos e vinganças. Porém, se somos seguidores de Jesus, estas coisas não são boas. Diante das oposições ou rejeições, devemos continuar em frente no nosso caminhar.

Em terceiro lugar Jesus nos previne que segui-lo não significa ter tudo a mão. Pelo contrário, muitas vezes nos faltará até mesmo as comodidades básicas ("o Filho do homem não tem onde repousar a cabeça"). Aquele que segue deve estar disposto a correr o risco de que faltem até mesmo as coisas que nos parecem muito importantes, porém que depois descobriremos que não eram tão necessárias e que pudemos passar sem elas.

Em quarto lugar, a experiência do seguimento implica sempre em deixar algo. Seguir é movimento e quando alguém se move, na medida em que avança, deixa outras coisas para trás. É impossível mover-se sem deixar algo para trás. Muitos passam a vida estáticos, por terem medo de despedir-se, de deixar. Jesus nos desafia: "deixa que os mortos enterrem os mortos".

Em quinto lugar Jesus nos fala da direção a ser vislumbrada. Quem o segue deve ter os olhos postos Nele, pois só assim não perderá o caminho. Quem caminha olhando para traz, perde o rumo. ("Todo o que põe a mão no arado e olha para trás, não serve para o Reino de Deus"). O passado não é capaz de indicar o rumo ou uma direção. Nos faz apenas girar em torno de nós mesmos até que nos vença o cansaço. Contudo, não só o passado nos atrapalha, mas também é importante ter a consciência que a paisagem dos lados pode ser uma tentação e pode nos fazer perder o equilíbrio e cair, ou mesmo tirar-nos do caminho. Podemos dizer ainda, que fechar os olhos não é próprio de quem segue. Olhar para frente, quando estamos indo atrás de Jesus, significa vê-lo constantemente, e esta é a única garantia de que chegaremos a ser como Ele: pessoas plenas, realizadas e felizes.

Oh Jesus, dai-nos a graça de fazer uma verdadeira experiência de seguimento.

O Senhor vos abençoe e vos guarde,

O Senhor faça brilhar a vossa face e tenha misericórdia de vós.

O Senhor volva seu olhar carinhoso e vos dê a PAZ.

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